Gabriela Medei
Sobre mí
Nací en Buenos Aires el 10 de febrero de 1973, y demostré interés por el arte desde mi infancia. Comencé a explorar mi pasión tomando clases de dibujo e incursioné también en la pintura y el collage. Aunque completé la Licenciatura en Sistemas de Información y trabajé profesionalmente en este campo durante más de 25 años, nunca dejé de nutrir mi amor por el arte.
En 2008 descubrí la pintura al óleo y, con la guía de Cristina Funk, docente graduada de Bellas Artes, comencé a trabajar esta técnica. Con el paso del tiempo, fui descubriendo y madurando también mi identidad como artista. Desarrollé un estilo figurativo, con objetos representados principalmente en primer plano, paletas reducidas y colores recurrentes. Trabajo con espátulas y pinceles sobre lienzo y sobre papel. En grandes bastidores o en pequeños formatos, mis obras retratan figuras simples y cotidianas que cuentan historias sencillas.
En 2020, me aventuré en el mundo de la fotografía, capacitándome con el productor audiovisual y fotógrafo Nacho Tomé. Este nuevo enfoque me permitió consolidar mi proceso creativo actual: explorar, capturar imágenes y plasmar su historia en la pintura.
Busco crear obras que inviten a creer que, incluso en medio del ruido, existen otras formas de habitar el mundo.
Sobre mi obra
Mi obra se construye alrededor de una pregunta: ¿Existe otra manera de habitar el mundo?
Vivimos en un tiempo atravesado por la velocidad, el ruido y la ferocidad; un tiempo que nos aleja de aquello que nos conecta con lo esencial, nos impide detenernos y vuelve casi invisible la belleza de las cosas simples. Esa sensación de un mundo que, por momentos, me aturde y, por momentos, me duele es lo que impulsa mi búsqueda.
Pinto porque al hacerlo puedo explorar y construir la forma de habitar que prefiero. Un espacio donde aquello que parece pequeño recupera su valor y donde lo auténtico se manifiesta.
Las imágenes que aparecen en mis obras no son casuales. Los paisajes serenos de barcos anclados y aguas mansas me acercan a la calma interior que aparece con la pausa. Los objetos cotidianos me conectan con la felicidad que existe en el vínculo con lo simple, con las memorias y los rituales que ellos guardan. Las flores me enseñan que puedo ser fiel a mí misma, incluso en la transformación y más aún en la adversidad.
Pero estos elementos no son un fin en sí mismos; son el territorio donde despliego mi búsqueda. Cada obra es una pieza, un pensamiento que se formula, y al reunirse revelan un entendimiento, provisorio tal vez, de que esta trilogía del sosiego, de la fidelidad a la propia esencia y de la celebración de lo cotidiano son suficientes para mí a la hora de construir mi propio hábitat.
Busco crear obras que inviten a creer que, incluso en medio del ruido, existen otras formas de habitar el mundo.